Capitulo 8

[Esperanza]
Enero del 2018. Tengo miedo solo al recordar lo que me pasó hace unos pocos días: salí de Villa Eugenia, crucé el bulevar para ir al banco, y al darme la vuelta vi como mi casa empezaba a desaparecer surgiendo en su lugar un inmenso inmueble de más de siete plantas. De la entrada principal empezaron a salir caminando lentamente personas que me eran bien conocidas, y justo cuando pisaban la acera cerraban los ojos, niños, como Pelusa, Cristina y Riqui. Entre los que mantenían los ojos abiertos estaban Curry López Arriba y muchos de los hermanos Inza, pero las personas mayores, sin excepción, cerraban los ojos; me refiero a Carmen Camuñas, Luis Dotto, Juan Hontoria, el abogado Palma, Paco y Amalia Simancas, Irene Russi, Ramón Peyra, el doctor Marchena, el doctor Sirvent, Vicente Jorro y muchas más personas con las que tuve relación en el pasado. Las últimas persona que vi saliendo fueron mi hermana Eugenia y su hijo, Manuel Chappory; a Mariano no lo vi salir, y de hecho hace un rato estuve con él paseando y recibiendo ánimos para que se me pasase el miedo que todavía tenía. 
Año 1952. A continuación relato un día de febrero, de mi hermana Eugenia; lo copio casi literalmente de su diario, del cual solo han quedado algunos cuadernos y hojas sueltas; una pena, pues durante más de 60 años escribía cada día al menos un par de páginas: 
«Febrero. Martes 19. A las 8 estábamos todavía durmiendo, cuando sonó el teléfono; era mi nuera. Conchita (Bisquerra), que nos participaba que había tenido un niño esta madrugada, G.a D. estaban los dos muy bien y estuvo hablando conmigo y con Manolo un buen rato. Manolo se lo participó a quien iba a ser su madrina —Marigu—. Volvimos a la cama y nos levantamos tarde; yo me levanté a darle la medicina a mi hijo Luis M. Más tarde pusimos dos conferencias: una a Granada y la otra a Madrid. Había un retraso de más de dos horas; al final hablamos con las titas de Granada, pero como no daban la de Madrid y Manolo le había prometido a Boris (Mozarovsky) que lo llevaría a Tetuán para que su mujer —Charito— cogiera el avión , dijo Luis M. que lo acompañaría él. 
»Estuve hablando con Carmen Saadeh y con Carmen Ballesteros. Fuimos mi sobrina Conchita y yo al dentista a pie, y luego visitamos algunas tiendas. Cuando volvimos a casa todavía no habían dado la conferencia con Madrid a pesar que la habíamos reclamado varias veces». 

Así eran los días de mi hermana, con pequeños sobresaltos, pero una vida muy ordenada, pasase lo que pasase.

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