Capitulo 32

Capítulo 32

[Esperanza]
Opino, pero no juzgo; me explico: durante los más de 100 años que llevo en este mundo he visto todo lo que una persona puede ver y sentir, y os anticipo que lo visto oído y hablado es más bien de color negro, aunque en algún momento era de colores vistosos; pero siempre acaban en negro, ya que la vida siempre acaba y deja dolor a tus cercanos. El comportamiento de las personas es siempre desigual, ya que según con el pie que nos levantamos tenemos el día de color de rosa y nos comportamos dando y recibiendo alegrías, pero (siempre hay un pero) de pronto tenemos enfrente al jefe, al marido a la esposa o a quien sea, que nos amarga el desayuno, y peor, a veces todo el día. 
El ser humano es intrínsecamente malo, la educación normalmente corrige ese defecto, pero (siempre hay un pero) no nos olvidemos de los dictadores, asesinos y gente de mal vivir que tienen una exquisita educación. 
Siempre pensamos que los tiempos pasados fueron mejores, que los tomates tenían sabor y los de ahora ni siquiera tienen olor, en fin, todos sabemos a qué me refiero; pero sigo dando mi opinión de que vamos a peores tiempos, peor educación, y sin arreglo posible. Parece que estoy desanimada pero no es cierto, mañana me levantaré con el pie derecho y todo será de color de rosa.
Intento meterme en el cerebro de mi hermana Eugenia para saber lo que pensaba, el porqué de sus acciones, y por qué no daba su opinión sobre nada ni sobre nadie en el diario que cada día escribía. Tengo claro que la muerte de sus dos hermanas por tifus la marcó en su relación con sus hijos, amigos y sobre todo con su día a día en Tánger, ya que el miedo a poder contagiarse de alguien o algo la hacía mantener una limpieza casi  enfermiza, de hecho, la lavandería de Villa Eugenia estaba en una caseta al fondo del jardín, que tenía una autoclave para lavar la ropa. 
En algún próximo capitulo hablaré más en profundidad de mi hermana y de cómo Tánger influyó en su carácter y en su comportamiento.
Repito que no juzgo; solo opino…

Le pido a Enrique que ponga alguna foto de algun cuadro de mi gran amor platónico Mariano Bertuchi y la postal que me envió desde Gibraltar en el año 1903 

[Enrique]
Estos días estoy ausente de mis quehaceres, por lo que no escribo, pero sí opino diferente a Esperanza, ya que siempre me levanto con  el pie derecho y por la derecha de mi cama.

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