Capitulo 19


[Esperanza]

 Hoy estoy nostálgica y sobre todo triste, ambos sentimientos los tenemos a la vez cuando la tristeza nos trae los recuerdos que no se pueden cambiar; me explico: nuestra memoria la manejamos a nuestro antojo, de forma que podamos seguir imaginándonos que todo fue bien y que nada pudimos cambiar, pero eso no es cierto, y la tristeza nos trae la realidad. 
El vídeo que Enrique  nos muestra hoy es la tristeza, pues en él podemos ver cómo nuestra familia, nuestra forma de vivir y nuestra burbuja explotaron al unísono. Nuestros recuerdos se basan en fotos, quizás películas; pero siempre en nuestros ensueños de cuando estamos dormidos y soñamos. 
Ver un teléfono antiguo en una tienda de antigüedades, un juguete que tuvimos pero no guardamos… hace que la realidad se nos presente de golpe, me explico: cuando nuestro nieto, o mejor, el nieto de Enrique, con sus cuatro añitos, juegue con el Bambi que ya no existe nada más que en su memoria, la mariposa de nuestro estómago nos revuelve el cerebro y hace que en nuestro próximo sueño (estando dormidos) nos despierte a la realidad, sé que al estar triste y melancólica mis palabras pueden resultar crípticas, pero eso es lo que puedo transmitir. 
Me dice Enrique que la semana próxima va a almorzar con mi sobrino Luis M. Chappory, que a sus noventa y tantos años está como a sus cuarenta y tantos, aunque ahora necesita la ayuda de un bastón para caminar y ya no canta opera. Enrique me dice que este lunes no va a escribir, debido no a un problema técnico sino a que necesita un pequeño recreo y un pequeño tiempo (el tiempo es tiempo, ni pequeño ni grande), y se lo permito a cambio de un beso y abrazo a nuestros lectores, que también se lo permiten, porque así se lo pido. 
También me dice mi amado Kike que el miércoles irá a Madrid a la presentación del libro «Hablemos asín» de su buen amigo —y lingüista de esta novela— «Esperanza en Tánger», Alberto Gómez Font.

Los restos del naufragio
03.JPG