Capítulo 17

[Esperanza]

No suelo viajar ni visitar hechos que me provocan tristeza, aunque no sean tristes en sí mismos; puedo estar en cualquier año a partir de 1890, que fue cuando nací, pero no a partir del 2019, ya que es mi futuro y me está prohibido por decisión propia.

En este caso no viajo a 1937 sino que veo la película hecha por mi cuñado Emiliano R. Marchena, en Villa Eugenia, en el invierno de dicho año, y no viajo no porque sean momentos tristes (que sí los eran cruzando el estrecho), repito que no viajo porque en ese día y en esos ratos tan apacibles me habló el fantasma que ya les mencioné en otro capítulo. No fue la única vez que lo vi, pero es la única vez que se lo ve en una película (hay varias fotos en donde aparece casi como era), ese halo de microsegundos es él, no vino a protegernos de los ladrones, vino a decirme que la terrible guerra que teníamos en España era el prólogo de una gran guerra en toda Europa y que cancelásemos el viaje que tenía previsto mi hermana a Alemania e Inglaterra. En próximos capítulos Enrique pondrá la película de ese viaje, que según mi hermana no fue muy agradable, en el sentido de que como viajaba con pasaporte inglés tenía miedo, bien fundado, de que en cualquier momento empezase la guerra en Europa.

El original de esta película estaba rodado en color, pero por motivos ajenos a mi corto entender este se ha perdido y solo queda en blanco y negro. Me dice Enrique que la está buscando entre las más de 20 000 fotos y películas (no ordenadas) que tiene en su computadora.

Volviendo al año 1937 y a aquellos momentos en Villa Eugenia, me hace recordar lo no del todo difícil que era la vida en Tánger, la famosa burbuja en la que vivíamos y que nos protegía de la realidad de nuestros vecinos. No nos sentíamos culpables, ya que no lo éramos; pero pasados los años me siento triste de no haberla roto y haberla agujereado.

En la película se ve a la familia Chappory y a los niños Conchita y Rodriguito Marchena; el jardín era la parte más espectacular de la villa: rosales, claveles y más adelante setenta y cinco eucaliptos que rociaban de olor los alrededores.

 

[Enrique]

Pongo esta película del patito feo no con ninguna mala intención ni recordando o señalando a alguien, solo la pongo como recordatorio de lo que veíamos o sentíamos cuando éramos niños, me explico: ya en capitulo anterior hablaba de cómo podemos manipular o distorsionar los recuerdos; pero siempre hay un apoyo para que nos llegue el verdadero recuerdo; dadme un punto de apoyo y me acordaré sin engaños.

Esta película me hace recordar los muy buenos ratos y tiempos de mi niñez en Tánger, digo por enésima vez que la playa, su arena y su cristalina agua, me hacen sentir ahora mismo lo que sentía hace muchos muchísimos años. No me acuerdo de la primera vez que me até solo los zapatos, pero si me acuerdo de mis primeras sandalias transparentes para poder ir a la playa; también me acuerdo de la ducha que había para quitarnos la arena y la sal; no puedo olvidar mi primer cigarrillo y la tos que todavía oigo… Por cierto quien nos “enseñó” a fumar fue Blanca de Inza, y no digo a qué edad para que mis hijos no me regañen. ¿Quién no se acuerda de las primeras gafas de sol de una pésima calidad, ya que se veía todo marrón o verde según el cristal? Y aquellos zapatos que nos apretaban, pero que sufríamos sin quejarnos y los mirábamos desde arriba como lo más bonito de nuestra vestimenta, y el primer bikini, que en aquella época se llamaba «dos piezas». Ir a cortarnos el pelo, aunque a nosotros venia a cortárnoslo el peluquero a Villa Eugenia, en donde había un sillón de peluquería y todos los artilugios para que el peluquero no utilizase los suyos. El olor a alcohol para desinfectar todo, inclusive el baño; la mercromina para las pequeñas heridas, y qué decir de los polvos de talco… En fin tantas y tantas cosas que recordar que no nos deben de poner nostálgicos sino alegres, y ojalá que tengamos muchos puntos de apoyo para seguir recordando y que siempre tengamos a alguien cerca para contárselos.

[Esperanza]

Año 1937 en Villa Eugenia (Tanger), el halo que se ve es el fantasma con el que hablé y que nos protegía de los ladrones

[Esperanza]

Toca el piano mi hermana Eugenia en 1957 para entretener a mis sobrinos nietos

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